Mejor perderse que encontrarse

... Y me vino a la memoria una persona a la que todos llamaban Saturno, por aquello de ir siempre en sentido contrario a los demás.
Saturno sorprendía siempre. Cada opinión suya era una fuente de sorpresas basada en el simple artilugio de pensar distinto. Llegué a estudiarlo como caso y comprendí que su criterio era realmente el opuesto al sentido común y que poseía una coherencia intachable.
Nunca pude ni siquiera imitarlo. Mi esencia no es de otro planeta. Pero conocer a Saturno me hizo ver de otra manera el mundo, preparado para una masa bastante uniforme de seres comunes mediatizados y educados para responder de manera igual ante cada circunstancia, con el único fin de simplificar las leyes de la convivencia y economizar en el sentido más amplio de la palabra.
Seré breve y no me extenderé en el análisis, que confío, cada lector podrá hacer por su cuenta. Me alcanza con contarles que Saturno era la excepción a la regla de la obviedad festejada como hallazgo y que desde entonces para mí, hallar es perder una búsqueda.

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