Lo cierto es que me perdí

... Así estaba girando yo como cualquier otro alegremente hasta que algo torció mi trompo. De piruetas comunes con amigos salté de repente a otros confines desconocidos.
No sé como empezó todo. Tal vez fue a los seis años cuando llegó un primo de lejos mostrándome mapas con islas que yo no conocía, quizás a los once cuando descubrí Europa o a los dieciséis, cuando me sumergí en el atlas Salvat. No importa ya cómo ni cuándo, lo cierto es que me perdí. Y eso fue lo bueno, diría Saturno.
Cuando se deja el mundo chiquito ya no se puede volver a caber en él. Por más que se lo intente es imposible. Las extremidades se atrofian y el cerebro se aja, los recuerdos no caben y los espejos mienten siempre la misma imagen. ¿Para qué volver entonces? ¿Para qué encontrarse?
Las respuestas a los grandes interrogantes suelen ser chiquitas. Yo las encontré sin buscarlas, casi imperceptibles y ahí voy desde entonces perdido en el gran mundo. Y no quiero regresar.

0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio