viernes, 17 de febrero de 2012

Lo cierto es que me perdí


... Así estaba girando yo como cualquier otro alegremente hasta que algo torció mi trompo. De piruetas comunes con amigos salté de repente a otros confines desconocidos.

No sé como empezó todo. Tal vez fue a los seis años cuando llegó un primo de lejos mostrándome mapas con islas que yo no conocía, quizás a los once cuando descubrí Europa o a los dieciséis, cuando me sumergí en el atlas Salvat. No importa ya cómo ni cuándo, lo cierto es que me perdí. Y eso fue lo bueno, diría Saturno.
Cuando se deja el mundo chiquito ya no se puede volver a caber en él. Por más que se lo intente es imposible. Las extremidades se atrofian y el cerebro se aja, los recuerdos no caben y los espejos mienten siempre la misma imagen. ¿Para qué volver entonces? ¿Para qué encontrarse?
Las respuestas a los grandes interrogantes suelen ser chiquitas. Yo las encontré sin buscarlas, casi imperceptibles y ahí voy desde entonces perdido en el gran mundo. Y no quiero regresar.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Inicio